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EN EL CAPRICHO DE ANTONIO GAUDÍ



La verdad es que siempre es un gusto ver una obra del genial Antonio Gaudí. Y es que, aprovechando que estoy estos días por Cantabria, me he acercado a disfrutar de uno de sus primeros trabajos como arquitecto, este maravilloso palacete de tres plantas que construyó en Comillas entre 1883 y 1885 para Máximo Díaz de Quijano, un adinerado abogado que hizo fortuna en Cuba, y le encargó este “capricho” al indiano ( que es así como se les llamaba a los que fueron a America y regresaron con fortuna) Su nombre original era Villa Quijano, tomado del apellido de este misterioso personaje, pero caló más hondo el apelativo que le dieron los vecinos, El Capricho, y así llegó bautizado hasta nuestros días.

Su construcción en aquellos días fue todo un acontecimiento en esta pequeña villa marinera, y su dueño objeto de múltiples habladurías: por «solterón», por su compañías, sus aficiones —la música y la botánica— y su misteriosa enfermedad.


La historia de la casa es tan original y única como el propio edificio. Gaudí tardó 2 años en construirla pero su dueño sólo pudo disfrutarla una vez terminada 7 días. Máximo murió de unas extrañas fiebres y su hermana Benita la heredó. El edificio cayó en el abandono tras la Guerra Civil, estado en el que siguió pese a su declaración como Bien de Interés Cultural en 1969. En 1977 la última descendiente de los López-Díaz de Quijano, Pilar Güell Martos, vendió la propiedad al empresario Antonio Díaz quien lo restauró en 1988 y lo convirtió en un restaurante. En 1992 fue comprado por el grupo japonés Mido Development. Por último, en 2009, el edificio se convirtió en museo.

Y así ha quedado para nosotros El Capricho, tan bello y original como la diseñó el propio Gaudí.

 

To be honest, it is always a pleasure to see a work of the great Antonio Gaudí. And the fact is that, since I am in Cantabria right now, I have come to enjoy one of his first works as an architect, this wonderful three-storey palace that he built in Comillas between 1883 and 1885 for Máximo Díaz de Quijano, a wealthy lawyer who made his fortune in Cuba. Its name was originally Villa Quijano, taken from the surname of this mysterious character, but the nickname given to it by the neighbors, El Capricho, was more popular, and so it was baptized until our days.

Its construction in those days was an event in this small fishing village, and its owner was the object of many gossip: for being a "bachelor", for his company, his hobbies -music and botany- and his mysterious illness.


The history of the house is as original and unique as the building itself. Gaudí took 2 years to build it but its owner could only enjoy it for 7 days after its completion. Máximo died of a strange fever and his sister Benita inherited it. The building fell into neglect after the Civil War, a state in which it remained despite its declaration as an Asset of Cultural Interest in 1969. In 1977 the last descendant of the López-Díaz de Quijano family, Pilar Güell Martos, sold the property to businessman Antonio Díaz, who restored it in 1988 and converted it into a restaurant. In 1992 it was bought by the Japanese group Mido Development. Finally, in 2009, the building became a museum.

And this is how El Capricho has been preserved for us, as beautiful and original as Gaudí himself designed it.


La casa está llena de espacios por descubrir. Son estos:

  • El invernadero. Servía para albergar plantas tropicales, pero también para repartir la luz, y aportar color a este edificio, cuya distribución está diseñada pensando en la orientación del sol.

  • Dormitorio. La habitación principal tiene 45 metros cuadrados. Sus originales contraventanas aíslan el interior del frío. Hay un artesonado de madera con 88 flores de hierro de un kilo cada una. La chimenea inglesa le imprime carácter a este espacio.

  • Baño. Distribuido en tres zonas: azulejo blanco, bañera y retrate. La joya de esta estancia son las vidrieras que unen las dos pasiones de Máximo, y también de Gaudí, música y naturaleza: un mirlo tocando el órgano y una abeja con una guitarra.

  • Comedor. Pone doble ventana para protegerlo del norte. Las persianas de madera terminan de proteger el interior. Se enrollan con un peso de cinco kilos.

  • Salón principal. La habitación de la música. Aquí se hacían fiestas íntimas pero sin persianas para que todo el mundo los vea; y cotillee a su gusto. Los balcones miraban para dentro para disfrutar de lo que pasa en el interior gracias a la buena acústica de la estancia. Hasta las guillotinas suenan como campanas.

  • Recibidor. Su techo es una verdadera obra de arte.

  • Cenador. Tiene un artesonado con flores de yeso policromada. Al fondo, enmarcado con un arco, vemos el fumador, con su decoración que nos traslada a Oriente.

  • El estudio. Uno de los lugares más importantes. Un espacio íntimo donde Máximo daba rienda suelta a su amor por la cultura y la escritura. Destacan los forjados de hierro de los balcones.

  • La gruta. Este espacio cavernoso vuelve a ser un tributo a la naturaleza, y también a las Cuevas de Altamira, descubiertas en 1868 por Modesto Cubillas y cuyo divulgación se realizó en la época de la construcción del Capricho por Marcelino Sanz de Sautuola.

  • El jardín. Pese a su amor por la flora, Antonio Gaudí desarrolló pocos proyectos paisajísticos. Este es de los pocos que se conserva. Uno de los elementos más destacados es el curioso patio con forma de herradura. Desde lo alto tienes unas de las mejores perspectivas del Capricho.

 

The house is full of spaces to explore.

  • The greenhouse. It was used to house tropical plants, but also to distribute the light, and bring color to this building, whose distribution is designed with the orientation of the sun in mind.

  • Bedroom. The master bedroom is 45 square meters. Its original shutters protect the interior from the chill. There is a wooden coffered ceiling with 88 iron flowers of one kilo each. The English fireplace adds character to this space.

  • Bathroom. Distributed in three zones: white tile, bathtub and retrate. The jewel of this room are the stained glass windows that unite the two passions of Máximo, and also of Gaudí, music and nature: a blackbird playing the organ and a bee with a guitar.

  • Dining room. It has a double window to protect it from the north. Wooden shutters finish protecting the interior. They are rolled up with a weight of five kilos.

  • Main living room. The music room. Intimate parties were held here but without blinds so that everyone could see them; and gossip as they pleased. The balconies looked inside to enjoy what was going on inside thanks to the good acoustics of the room. Even the guillotines sound like bells.

  • Entrance hall. Its ceiling is a true work of art.

  • Dining room. It has a coffered ceiling with polychrome plaster flowers. In the background, framed with an arch, we see the smoker, with its decoration that takes us to the Orient.

  • The office. One of the most important places. An intimate space where Máximo gave free rein to his love of culture and writing. The ironwork of the balconies stands out.

  • The grotto. This cavernous space is once again a tribute to nature, and also to the Altamira Caves, discovered in 1868 by Modesto Cubillas and whose disclosure was made at the time of the construction of the Capricho by Marcelino Sanz de Sautuola.

  • The garden. Despite his love for flora, Antonio Gaudí developed few landscape projects. This is one of the few that has been preserved. One of the most outstanding elements is the curious horseshoe-shaped courtyard. From the top you have one of the best views of Capricho