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EN EL DESIERTO ROJO DE NAMIBIA



Nadie te prepara para lo que estás a punto de ver. Este inmenso desierto de dunas rojas en la costa de Namibia supera cualquier expectativa. Su belleza es indescriptible y su quietud hace que se te pierda la vista hacia la nada y que toda tu vida pase delante de ti en menos de un minuto.

Es el desierto del Namib, las dunas más altas y viejas del planeta. Un arenal junto al mar de 1,600 kilómetros patrimonio de la humanidad que data de la era en la que se extinguieron los dinosaurios hace más de 55 millones de años.

Namib significa en la lengua local de los namibios inmensidad; extensiones descomunales de arena que reciben anualmente tan sólo ocho milímetros de lluvia, y donde milagrosamente hay vida gracias a una capa de niebla que suele cubrir la región gracias al viento y el agua fría procedente del Atlántico.

Estas dunas están protegidas dentro del parque nacional Namib-Naukluft, que suma una extensión más grande que Suiza, y esconden un mínimo caudal de ríos secos subterráneos que, de vez en cuando, generan oasis en la superficie.

En el corazón de este desierto, onduladas laderas quitan el aliento a cualquier viajero que pretende sondearlas. Los pliegues rojizos de este desierto custodian las dunas de arena más grandes de todo el planeta, conformando un paisaje de verdaderos rascacielos de arena que se moldean a capricho del viento formando líneas paralelas en la costa y con formas estrelladas en el interior.

¿A qué impresiona? Pues preparaos para lo que vais a disfrutar.

 

There’s a slight stinging on my legs, exposed below my shorts, as the wind hits them with full force. I’ve turned my face away from the gusts and I’m trudging uphill regardless. The strength of the wind is making the climb up this dune hard enough, but the added difficulty is coming from all the tiny sand particles that are being picked up and slammed into me at gale force speed.

I wonder if there’s more sand in the wind than in the dune beneath me – and that’s saying something, seeing as the dune is 85 metres high. I glance back down the trail of footsteps that curve along the ridge of the sandy hill to the ground. It looks like the spine of a giant red dinosaur. One that’s taken me about half-an-hour to walk up.

This is Sossusvlei in Namibia, probably the easiest part of the enormous Namib Sand Sea to access (climbing conditions excepted). The red and orange dunes here roll on as far as you can see, stretching out for about 400 kilometres in total. From the top of this one, which I do eventually reach, I look out at just a small fra