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EL MARAVILLOSO CAOS DE HANOI



Tras más de 14 horas de vuelo y nada más poner un pie fuera del aeropuerto, Hanoi me recibe con una bofetada de calor tórrido y húmedo que me dejó tan empapado como si me hubiera duchado vestido. Eso sólo era el preludio de lo que me acompanaría a lo largo de todo el viaje a lo largo de Vietnan; un calor pegajoso provocado por una humedad que en los meses de verano alcanza el 100% y no baja del 80% el resto del año.

Ese ha sido mi principal compañero de viaje por Vietnam y lo que me encontré día y noche por esta bulliciosa capital asiática.

A pesar de todo, Hanoi me enganchó desde el primer momento.

Y es que más de mil años de una historia convulsa, llena de invasiones, de guerras e independencias han forjado a sangre y fuego el carácter y la idiosincrasia de esta ciudad dura para el visitante extranjero.

Ya en mi primera incursión por la capital vietnamita me di cuenta que Hanói no es una ciudad amable con el peatón. Apenas hay aceras y cientos de motocicletas circulan a todas horas y en todas direcciones sin aparente orden ni concierto.

Pero, tranquilo, detrás de ese aparente caos hay un orden y, aunque no lo parezca, todo esta bajo control.

 

After more than 14 hours flying and just setting foot outside the airport, Hanoi greets me with a hot, humid slap that left me as soaked as if I had taken a shower dressed. That was just the prelude to what would accompany me all along the journey through Vietnan; a sticky heat caused by a humidity that in the summer months reaches 100% and does not drop below 80% the rest of the year.

That was my main travel companion in Vietnam and what I found day and night in this bustling Asian capital.

In spite of everything, Hanoi hooked me from the first moment.

The first thing you’ll notice about Hanoi, the capital of Vietnam, is the traffic – horns blare as the locals zip past on a seemingly endless fleet of scooters, while tour buses barrel in carrying a steady flow of tourists, ready to lap up the sights and sounds of this vibrant city.

There’s certainly plenty to enjoy, ranging from mouthwatering street food to traditional entertainment, plus the fascinating history and culture of a city that has survived colonial occupation and war with its spirit intact.