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LOS COLORES DE VALPARAISO


Miguel Biedma en las calles de Valparaiso

La primera impresión que tuve de Valparaiso fue “ Ay Dios mío, dónde me he metido” pero me duró tan sólo unos minutos. Cuando empecé a recorrer sus empinadas calles me di cuenta que estaba en una ciudad única y maravillosa, llena de color y de algo que a mí siempre me ha fascinado: graffitis y arte callejero por donde quiera que mires.

Todos nos habían dicho que tuviésemos cuidado, que estábamos en una de las ciudades más peligrosas de Chile pero lo que yo vi fue una ciudad abierta, bohemia, fresca, artística y emergente de sus cenizas. Es cierto que su urbanización es endiablada pero su arquitectura es hermosa.

Me dio la impresión de que Valparaiso mira al Pacífico como Lisboa mira al Atlántico, añorando tiempos de gloria. Es por eso su estilo decadente y algo “grunch”; pero creo que es precisamente eso lo que le está haciendo resurgir de sus cenizas. Como Valparaiso no hay dos.

 

When I told local Chileans of our plan to visit Valparaiso along our journey through their country, we received our fair share of warnings to be cautious. Yet after our visit, we proclaimed the city to be among our favorites in all of South America.

Why? Like many port towns the world over, Valparaiso, Chile features a sort of dodgy-meets-edgy vibe. Yeah, at first impression it feels a little scruffy, down-at-the-heels, almost seedy. But its lingering aura says it's more bohemian, artistic, fresh and emergent. And like any good city finding its way through urban revival, the two forces at work, while opposing, need each other to bring the city to the next stage of its life.

In the last decade or so, Valparaiso (affectionately known as “Valpo”) has undergone a sort of urban and artistic revival. Through it all, the city has managed to balance its grungy, port city roots with its turn-of-the-century elegance and architecture stock.