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UNA TARDE EN VILLA REAL DE SANTO ANTONIO



Si hay algo que me viene a la memoria de mis largos veranos adolescentes en Isla Canela es cruzar la frontera a Portugal con mi madre y mi hermano rumbo a Vila Real de Santo Antonio para disfrutar de una maravillosa jornada de compras (sobre todo para mi madre).

Ahora vas en coche y te plantas allí en un periquete, pero antes era todo mucho más complicado. Esperar el ferry, mostrar el pasaporte, aduanas aquí y allá, colas y calor...mucha calor. Pero pasar por todo eso merecía la pena cuando veías la cara de felicidad de tu madre cargando el maletero de toallas, sábanas, colchas… y ese simpático gallo que cambiaba de color según fuera a llover o brillara el sol.

La pena es que aquellas visitas no pasaban de ahí, de sus tiendas. Bueno, y quizás de algún restaurante donde, ya puestos, comer algo de ese maravilloso bacalao a bras o de una tarde en Montegordo, la playa más cerca de Villa Real, y atiborrarnos a Boliños, un delicioso dulce portugués que aún hoy lo recuerdo y se me hace la boca agua.