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SWAKOPMUND, UN TROZO DE ALEMANIA EN NAMIBIA



Lo primero que llama la atención al entrar en Swakopmund después de atravesar cientos de kilómetros de carreteras de gravilla y tierra es la quietud. LLegas sudoroso y polvoriento de atravesar casi en soledad el desierto hasta aquí y, de repente, el paisaje cambia por completo. La carretera se asfalta, aparecen cientos de coches, hay semáforos, tiendas, supermercados y casitas, muchas casitas bajas de inspiración europea que te dicen que has llegado al que fue el primer asentamiento alemán cuando Namibia formaba parte del imperio germano.

Swakopmund no sólo guarda ese halo de colonia alemana sino que parece estar orgullosa de su pasado. De hecho aún están en pie (y funcionando) todas los edificios y estructuras que construyeron; como la iglesia luterana, la estación de tren (ahora hotel), el muelle de carga, escuelas, hospitales, zonas ajardinadas...más parece una ciudad báltica que namibia. Y, aunque parezca contradictorio, ese es su principal encanto.

Ese y la bruma. Una espesa bruma que viene directamente de las profundidades del Atlántico, se mete en pleno desierto del Namib y que engulle toda la ciudad dándole al anochecer un aspecto fantasmagórico, como si estuvieras en el Londres del siglo XIX.

Todo esto, y mucho más, es Swakodmund.

Bienvenidos.

 

The first thing that catches your attention when you enter Swakopmund after hundreds of kilometers of gravel and dirt roads is the stillness. As you arrive sweaty and dusty from crossing the desert almost in solitude to get here, suddenly, the road becomes paved, hundreds of cars show up, there are traffic lights, stores, supermarkets and small houses, many low houses European-inspired telling you that you have arrived to what was the first German settlement when Namibia was part of the German Empire.

Swakopmund not only keeps that aura of German colony but seems to be proud of its past. In fact, all the buildings and structures they built are still standing (and working), such as the Lutheran church, the train station (now a hotel), the loading dock, schools, hospitals, gardens... it looks more like a Baltic city than a Namibian one. And, although it may seem contradictory, that is its main charm.

That and the haze. A thick mist that comes directly from the deep Atlantic, gets into the Namib Desert and swallows the whole city giving it a ghostly appearance in the evening, like being in the 19th century London.

Swakodmund is all this and much more.

Welcome to the city.