GINGER BEER, LA CERVEZA CON JENGIBRE NEOZELANDESA QUE TODOS DEBERÍAN PROBAR

La vi en la carta en un bar de Nueva Zelanda, entre las cervezas y los refrescos, sin saber muy bien en qué categoría encajaba. La pedí solo por curiosidad, para ver a qué sabía. No esperaba gran cosa: un nombre más, una bebida más. Pero el primer trago me cautivó, y desde entonces la ginger beer se ha convertido en una de esas pequeñas obsesiones que uno trae de vuelta de un viaje.
I saw it on the menu in New Zealand, somewhere between the beers and the soft drinks, not quite sure which category it belonged to. I ordered it purely out of curiosity, just to see what it tasted like. I wasn't expecting much: one more name, one more drink. But that first sip won me over, and ever since, ginger beer has become one of those small obsessions you bring home from a trip.


Un origen que viene de lejos
Aunque hoy la asociamos con el hemisferio sur, la ginger beer nació muy lejos de allí, en la Inglaterra del siglo XVIII. Surgió como una bebida fermentada casera, elaborada a partir de una mezcla de jengibre, azúcar, agua y un cultivo llamado "planta de ginger beer" (una especie de SCOBY, similar al que se usa para la kombucha). Durante el siglo XIX se popularizó enormemente en el Reino Unido, hasta el punto de venderse en carritos ambulantes como bebida refrescante y digestiva.
Con la expansión del Imperio Británico, la receta viajó a colonias como Australia, Sudáfrica y, por supuesto, Nueva Zelanda, donde encontró un público fiel que la convirtió casi en seña de identidad. No es casualidad que, paseando por Auckland o Queenstown, sea tan fácil encontrar marcas locales que la elaboran con métodos artesanales y recetas propias.
A Far-Off Origin
Although we associate it with the southern hemisphere today, ginger beer was actually born much further away, in 18th-century England. It started out as a homemade fermented drink, made from a mix of ginger, sugar, water, and a culture known as the "ginger beer plant" (a kind of SCOBY, similar to the one used for kombucha). During the 19th century it became hugely popular in the United Kingdom, sold from street carts as a refreshing, digestive drink.
As the British Empire expanded, the recipe traveled to colonies such as Australia, South Africa and, of course, New Zealand, where it found a loyal following that turned it into something close to a national symbol. It's no coincidence that, walking through Auckland or Queenstown, you'll easily come across local brands making it with artisanal methods and their own recipes.


Cómo es su sabor
La primera vez que la probé, esperaba algo parecido al ginger ale que conocemos en muchos bares como mixer para cócteles. Craso error. La ginger beer neozelandesa es otra cosa completamente distinta: mucho más intensa, más "sucia" en el buen sentido, con un picor de jengibre que llega de verdad y no se queda en una simple nota aromática.
El primer sorbo trae dulzor, pero enseguida aparece ese calor especiado en la garganta, casi como si hubieras mordido un trozo de jengibre fresco. Las mejores versiones equilibran ese picante con toques cítricos, un fondo ligeramente ácido y, en algunas marcas, notas de miel o hierbas que redondean el conjunto. No es una bebida tibia: es intensa, con carácter, de las que se recuerdan.
What It Tastes Like
The first time I tried it, I expected something similar to the ginger ale we know from bars, usually used as a cocktail mixer. Big mistake. New Zealand ginger beer is something else entirely: much more intense, "rougher" in the best sense, with a real ginger bite that goes far beyond a simple aromatic note.
The first sip brings sweetness, but the spicy heat quickly follows, almost as if you'd bitten into a piece of fresh ginger. The best versions balance that spice with citrus touches, a slightly acidic undertone, and, in some brands, notes of honey or herbs that round everything out. This is not a mild drink: it's intense, full of character, the kind you remember.


La textura: más allá de las burbujas
Aquí está otra de las sorpresas. La ginger beer artesanal suele tener una carbonatación distinta a la de un refresco industrial: más suave en apariencia, pero con un cuerpo más denso, casi untuoso. Algunas versiones tradicionales, elaboradas por fermentación real (y no solo carbonatadas artificialmente), presentan un ligero poso o turbidez, señal de que no ha pasado por procesos de filtrado agresivos. Esa textura, un punto más "viva", es parte de su encanto.
Texture: Beyond the Bubbles
Here's another surprise. Artisanal ginger beer tends to have a different kind of carbonation than an industrial soft drink: gentler on the surface, but with a denser, almost silky body. Some traditional versions, made through real fermentation rather than simple artificial carbonation, show a slight sediment or cloudiness, a sign that they haven't gone through aggressive filtering. That slightly "alive" texture is part of the charm.


¿Y el alcohol?
Aquí conviene aclarar un matiz importante, porque genera bastante confusión. La ginger beer original, fermentada de forma tradicional, sí contenía algo de alcohol, aunque en niveles bajos, similar a una sidra suave. Sin embargo, la mayoría de las ginger beers que se venden hoy en supermercados y bares de Nueva Zelanda son, en realidad, bebidas sin alcohol o con una graduación mínima (por debajo del 0,5%), producidas mediante carbonatación y no por fermentación completa.
Dicho esto, en los últimos años ha resurgido el interés por las versiones auténticamente fermentadas y también han aparecido variantes explícitamente alcohólicas, elaboradas por microcervecerías, que pueden rondar entre el 4% y el 8% de alcohol, pensadas para el consumidor adulto que busca algo más parecido a una sidra especiada que a un refresco. Vale la pena mirar siempre la etiqueta, porque el nombre "ginger beer" no garantiza por sí solo el contenido alcohólico.
What About the Alcohol?
Here it's worth clearing up an important point, since there's quite a bit of confusion around it. The original, traditionally fermented ginger beer did contain some alcohol, though at low levels, similar to a mild cider. However, most of the ginger beers sold today in New Zealand supermarkets and bars are actually alcohol-free, or contain only a minimal amount (under 0.5%), produced through carbonation rather than full fermentation.
That said, in recent years there's been a renewed interest in genuinely fermented versions, and explicitly alcoholic variants have also appeared, made by craft breweries, ranging roughly between 4% and 8% ABV, aimed at adult drinkers looking for something closer to a spiced cider than a soft drink. It's always worth checking the label, since the name "ginger beer" alone doesn't guarantee its alcohol content.


Una recomendación de vuelta a casa
Desde que volví, la ginger beer se ha convertido en mi bebida de referencia para las tardes de calor: sola, bien fría, o como base de un buen Moscow Mule casero. Si algún día tenéis la oportunidad de probar una versión artesanal neozelandesa, no la dejéis pasar. Es de esos pequeños descubrimientos de viaje que terminan formando parte de la rutina de casa, como un recuerdo líquido que se puede repetir siempre que apetezca. Así es la ginger beer, la cerveza con jengibre neozelandesa que todos deberían probar
A Recommendation to Bring Home
Since I got back, ginger beer has become my go-to drink for warm evenings: on its own, well chilled, or as the base for a good homemade Moscow Mule. If you ever get the chance to try an artisanal New Zealand version, don't pass it up. It's one of those small travel discoveries that ends up becoming part of your routine back home, a liquid memory you can revisit whenever you feel like it.




Comentarios